domingo, 4 de marzo de 2012

Estirar la mano.



Dios tiene muchos dones preparados para nosotros, que están a nuestro alcance. Sólo es necesario que estiremos la mano para tomarlos. Y estiramos la mano por medio de la oración, que nunca queda sin fruto, porque si no recibimos lo que pedimos, al menos algo recibimos, y siempre es lo que más necesitamos.

No tengamos miedo de agotar las riquezas de Dios, porque sus tesoros son infinitos, y para nosotros crearía Él un nuevo mundo, si fuera necesario.

Vayamos a los brazos del Padre celestial y pidámosle que llene nuestro regazo con gracias y dones de todas clases, los que más nos hagan falta, ya sean bienes y dones espirituales o materiales, porque Dios es bueno, y si confiamos en Él, entonces veremos sus maravillas.

Pero es necesario hacer el esfuerzo y “estirar la mano” para tomar esos dones. ¡Qué pena que muchos se quedan sin recibir nada porque no hacen el esfuerzo de la oración! ¿Acaso los pobres que piden en las calles no estiran la mano para recibir el óbolo? ¿Y nosotros no queremos humillarnos ante Dios, pidiéndole sus gracias, estirándole la mano para que la llene con sus riquezas?

Lo que sucede es que muchas veces no nos damos cuenta de que somos pobres, y que Dios es Rico, y que puede auxiliarnos en toda necesidad. Sólo hace falta “estirar la mano”, es decir, orar.

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