jueves, 13 de octubre de 2011

Mensaje de confianza

No confiar en nosotros mismos. 
Si nos hubiéramos apegado al Buen Maestro, con confianza tanto mayor cuanto más desesperada pareciese la situación, ningún mal nos sobrevendría... Habríamos caminado tranquilamente sobre las olas; habríamos llegado sin tropiezos al golfo tranquilo y seguro, y en breve habríamos reencontrado la soleada playa iluminada por la claridad celestial...
Los santos lucharon con las mismas dificultades que nosotros; muchos cometieron las mismas faltas. Pero, al menos, ellos no dudaron. Se levantaron sin tardanza, más humildes después de la caída, no contando en adelante sino con los socorros de lo Alto. Conservaron en sus corazones la certeza absoluta de que, apoyados en Dios, podían todo. ¡Su confianza no los engañó!
Transfórmense en almas que confían. Nuestro Señor los invita a ello; y vuestro interés así lo exige. Serán, al mismo tiempo, almas de paz y de luz. 
 (De "El Libro de la Confianza", P. Raymond de Thomas de Saint Laurent) 
Comentario: 
A veces nos puede suceder que por mucho tiempo no caemos en pecados graves, y entonces es cuando es más peligroso que nos creamos que esto es así por nuestros propios méritos, y así nos apoyamos en nosotros mismos. Y si por desgracia caemos en un pecado grave, ya nos descorazonamos y todo se viene abajo.
Lo que sucedió es que habíamos puesto la confianza en nosotros mismos, y no en Dios, que es quien nos sostiene en la gracia y no deja que caigamos en pecado grave.
Entonces no olvidemos que si no pecamos es porque Dios nos está ayudando a no pecar. Y que si tenemos la desgracia de caer, digámosle al Señor: “Señor, ¿qué otra cosa podía hacer yo, que soy un pecador? Ayúdame a levantarme y que en adelante sea más cauto”.
Y con nuestra humildad ganaremos más, y hasta el mismo pecado servirá para hacernos más santos, porque si reconocemos humildemente nuestro error y nuestra impotencia para todo lo bueno, entonces Dios nos premiará y subiremos a un lugar más alto que el que estábamos antes del pecado.
Nuestra plena confianza en Dios nos debe ayudar a convertir todo lo malo en bueno, y a hacer hasta de las mismas faltas y pecados, un escalón para subir más a Dios. Y si no, veamos la confianza de muchos pecadores en el Evangelio y la felicidad que siente Jesús cuando un alma confía plenamente en Él.

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