lunes, 26 de septiembre de 2011

CREER SIN VER


El tema de la FE, que si ésta no se alimenta, acaba enfermando hasta morir. Que hay que cuidarla, mimarla, porque si le damos descanso, corremos el riesgo de dormirnos y que nos sea robada sin darnos cuenta. No olvidemos que es un regalo que Dios nos ha dado para hacerlo crecer, y para ello necesita nuestro “trabajo de mantenimiento”

«Entrad por la entrada estrecha; porque ancha es la entrada y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella; mas ¡qué estrecha la entrada y qué angosto el camino que lleva a la Vida!; y poco son los que lo encuentran". (Mt.7,13)
Hay que estar atentos, para saber reconocer los signos .No es fácil hallar sus pistas. Son detalles, símbolos que hay que saber interpretar. A los que se descuidan, le pasan fácilmente desapercibidos. Siempre existe el peligro de perderse, y entonces hay que corregir la ruta y desandar lo andado... Elegir la vía estrecha un día tras otro, ¡cuánta incomprensión nos causa! Y qué difícil resulta la mayoría de veces.

En la sociedad en la que vivimos, donde la corriente arrastra con gran fuerza en dirección opuesta, esforzarse por recorrer este camino parece cosa de pocos. La alternativa es la opción mayoritaria: la que promete el gozo de placeres, el triunfo humano, el poseer y el aparecer. Algunos no resisten; entrando sin percatarse, en un mundo hedonista y de engaño.

Aunque no lo sintamos, aunque nos encontremos en el desaliento y en la oscuridad, Jesús no deja de asistirnos en la elección más difícil. No nos abandona jamás. ¡Quietos! ¡Volved a leerlo! ¡No nos abandona jamás!”
Sufrir en silencio la injusticia, saber perdonar y no juzgar nunca; devolver bien por mal; vivir con generosidad, ayudando siempre a quienes nos necesitan y desprendido de las cosas.

Nos resultará casi imposible avanzar en este camino si no miramos a Jesús, si no sabemos descansar en Él, cuando sintamos nuestra flaqueza. Si no alimentamos nuestra fe, con una vida de oración, de piedad, de vida sacramental, de renuncia y ofrecimiento, iremos dejando que ella se muera. ¿Tiraremos por la borda uno de los regalos más grande que Dios concede a un alma?

Si con fe experimentamos las noches oscuras, la desorientación en el camino y las caídas. ¿Qué haremos sin ella? ¿ A dónde iremos? …

Como los apóstoles diremos “Señor, tú solo tienes palabras de vida eterna”
¡Alabado sea Jesucristo!

No hay comentarios: