viernes, 19 de agosto de 2011

¡Que nada ni nadie os quite la paz; no os avergoncéis del Señor!


Esta mañana, nada más pisar tierra española, al Papa le ha faltado tiempo para decirle a los jóvenes con todas las fuerzas de su corazón: "¡que nada ni nadie os quite la paz; no os avergoncéis del Señor!"

Además, el Santo Padre ha denunciado delante de nuestros políticos que a los jóvenes se les acosa queriendo apartarlos de Dios, privándolos de los signos de su presencia en la vida pública, y silenciando hasta su santo Nombre. Ha hablado del mundo en el que tiene que vivir la juventud. Un mundo donde imperan la superficialidad, el consumismo, el hedonismo, la banalidad a la hora de vivir la sexualidad, la insolidaridad, la corrupción y la droga.
Pero Benedicto XVI ha venido a traer la verdad y la esperanza, y ha declarado rotundamente que está en España como Sucesor de Pedro "para confirmar a todos en la fe, y para anunciar que Jesucristo es el Camino, la Verdad y la Vida".

He tenido la oportunidad de asistir a la Fiesta de acogida de los jóvenes en Cibeles desde una grada a bastante altura. Desde allí podía ver la plaza y las calles aledañas repletas de jóvenes entusiastas de todo el mundo reunidos como en una gran Torre de Babel. Jóvenes llenos de hambre de Dios, deseosos de ser evangelizados y de convertirse a su vez en evangelizadores. Una cosa está clara: el Papa espera mucho de los jóvenes. Y por ello hoy les ha propuesto una meta muy alta: la santidad.

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