jueves, 23 de junio de 2011

Siempre por amor.

Debemos creer firmemente que todo lo que Dios quiere o permite en nuestra vida y en el mundo, siempre es por amor hacia nosotros. Incluso lo que parecen castigos de Dios, son movidos por su amor.
Nunca debemos desconfiar del amor de Dios que, a veces, en medio de los castigos más duros, tendremos la tentación de culpar a Dios de insensibilidad y dureza. No lo hagamos, porque estaremos muy equivocados y cometeremos un pecado.
El ejemplo claro lo tenemos en el Libro de Job, cuando el demonio, presentándose ante el Trono de Dios, le dijo al Señor que si le permitía dañar a Job, vería cómo enseguida éste le maldeciría a la cara.
Es decir que es el demonio el que nos hace sufrir y el que causa toda clase de males en nuestra vida y en el mundo, porque Satanás es la fuente y el origen de todo el mal. Se puede decir que él es el Mal. Y Dios, por misteriosos designios, le permite actuar con libertad, porque sabe sacar bienes de todos los males que el diablo hace en el mundo.
Entonces, tengamos bien presente en nuestra vida que todo lo que nos suceda, si nos sucedió, no es que Dios nos odie, sino que nos ama, y si permitió o quiso eso para nosotros, fue solamente por puro amor hacia nosotros.
Si tenemos esta confianza, entonces estaremos más seguros que un niño en brazos de su padre, sabiendo que Dios nos ama, y que a pesar de que a veces nos parece que nos da una piedra en lugar de un pan, esa piedra vale más, y es lo que necesitamos para nuestra vida. Si no lo entendemos en este momento, lo entenderemos después; y si no en esta vida, sí lo comprenderemos en la eternidad. Por eso confiemos en la Bondad y el Amor de Dios en todo lo que nos sucede.

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