lunes, 13 de diciembre de 2010

Una gran figura del Adviento es San Juan Bautista.

Una gran figura del Adviento es San Juan Bautista. El hombre enviado por Dios para preparar los caminos del Señor. Tenía un corazón ardiente, fraguado en la oración solitaria del desierto y con una humildad y penitencia a toda prueba. Benditos sean los santos que con vida no permiten que se apaguen las luces de la verdad en nuestro sendero hacia Dios.
Sofismas y engaños para neutralizar estas luces tenemos tantos cuantos "nuestro amor carnal y mundano" (San Ignacio) puede sugerirnos. Pero a los buscadores de la verdad no les importan las argucias: tienen la mirada simple que da el Espíritu y ven con nitidez distinguiendo la luz y las tinieblas.
Hoy no es un secreto que hay cosas en la Iglesia que no marchan bien.
Como nos advertía el Señor hay "trigo y cizana". A pesar de lo mucho bueno debemos hacer un serio examen de conciencia y una sincera penitencia que lleva consigo la enmienda de nuestra vida.
Entre otras cosas dejémonos corregir. Mucho más cuando que la corrección nos viene de la Iglesia. A veces, una sencilla frase de un discurso del Papa o una recomendación de los Obispo o de un Cardenal en una instrucción en nombre del Papa, si suena a corrección, levanta una polvareda tal protestas y descalificaciones, que nada tiene que ver con la humilde acogida y consiguiente examen personal que uno debe hacer de sí mismo a propósito de una corrección hacha por quien tiene autoridad para hacerla.
Duro fue San Juan Bautista en sus correcciones. No sé si logró mucho. Al menos logró cumplir con su deber. Meditemos el consejo del San Juan de la Cruz: "Déjate enseñar, déjate mandar, déjate sujetar y despreciar, y serás perfecto" (Dichos de Luz y Amor, nª 111.).
Articulo de: Gaspar Bustos Álvarez ( Delegado para el Clero ).
Semanario Diocesano de Información y Formación Cristiana - Nº 262 - 12 de Diciembre de 2010.
IGLESIA EN CÓRDOBA.

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