viernes, 26 de noviembre de 2010

Tiempo de prueba.

Nuestra vida sobre la tierra es tiempo de prueba. Es como una sala de espera para entrar al fin, por la muerte, a la verdadera patria, que será el Cielo para los que mueren en gracia de Dios, o el Infierno para los que mueren en pecado mortal.
Por eso hay que mirar esta vida y las cosas de esta vida, todas las cosas de esta vida, teniendo bien presente esta verdad: la vida sobre la tierra es una prueba.
Entonces tendremos una visión más exacta de lo que nos pasa y lo que le sucede a nuestros seres queridos, no nos desanimaremos si nos sobreviene la desgracia, ya sea material, sentimental o espiritual, porque en definitiva, mientras estamos de camino hay que sufrir toda clase de contrariedades, pero si salimos victoriosos de ellas, entonces nos espera la felicidad sin fin.
Hay muchos que consideran esta vida como todo lo que existe, y así se desesperan si les acontece un fracaso en cualquier campo, porque no tienen la correcta visión de que esta vida no es la definitiva, sino que lo definitivo es lo que viene después de la muerte.
No envidiemos la vida de los que son malos y, a pesar de ello, todas las cosas les van bien. Porque es el mismo demonio quien les provee de logros humanos y materiales para tenerlos después torturándolos por toda la eternidad en el Infierno.
Estemos atentos porque es fácil caer en falsas apreciaciones de lo que sucede en este mundo, y pensar que a quien le va mal, es un castigo de Dios, y a quien le va bien es una bendición del Cielo. ¡No! Justamente muchas veces es todo lo contrario, porque al que le va todo bien y es malvado, eso es señal segura de que es Satanás quien lo está favoreciendo. Y en cambio, si un bueno sufre incontables males, es señal también de que el demonio se venga en él, y Dios lo permite porque sabe sacar del mal un bien, y hacer de ese hombre un pequeño redentor.
Recordemos siempre esto: Los hombres no son ni completamente malos, ni completamente buenos, sino que todos, en diversa medida, tienen mezcladas ambas cualidades. El que es malo, algo de bueno hace; y el que es bueno, algo de malo hace. Entonces Dios castiga en esta vida lo poco malo que hace el bueno, para después darle el Cielo en la eternidad. Y Dios premia en esta vida lo poco bueno que hace el malo, para darle el castigo merecido en la eternidad: el Infierno.
Tengamos estas cosas presentes y juzguemos más sabiamente de acuerdo a como Dios ve las cosas y no con criterios humanos.

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