martes, 23 de noviembre de 2010

Oración.


Nuestro tiempo debe estar penetrado por la oración.
Oración, sí. Siempre oración.
Oración para dar gracias a Dios y para pedir gracias de Dios.
Oración al abrir y al cerrar la jornada, sin que falte nunca durante el resto del día.
Oración de alabanzas y bendición al Señor
y de petición para que Él bendiga cada día.
Oración ofreciendo la jornada, dando nuestra nada
para que Dios la llene con sus dones
y estos dones puedan en nosotros fructificar.
Oración pidiendo la bendición de la mesa
y agradeciendo la Providencia por la comida.
Oración para recibir la paz de Cristo y para ser portadores de esa paz.
Oración para interceder
y para pedir a la Santísima Virgen y a todos los santos su intercesión.
Oración de reparación.
Oración persistente desde la fe.
Oración espontánea y oración litúrgica.
Oración vocal y oración mental.
En lo secreto del cuarto y frente al Santísimo.
Oración personal y comunitaria.
Oración callada y a viva voz.
Rezo del Rosario en familia, en grupo o solos.
Rosario y Misa. Misa y Rosario.
Y adoración.
Orar con los salmos. Orar con la Biblia.
Oración a tiempo y a destiempo.
Oración litúrgica de las horas y más allá de ellas.
Orar cuando se prueba gusto, y orar desde la aridez.
Orar en la alegría y orar en el dolor.
Siempre oración.
Orar siempre, en todo momento.
“Orar, orar, orar”, pide la Señora y Madre nuestra.
Oración constante y persistente
como lo es el llamado de la Virgen Santísima a la oración.
Y siempre humilde la oración, de lo profundo del corazón.
Porque es ley que cuanto más uno se abaja y se hace pequeño,
más se eleva su oración.
Mi invitación quiere ser para ustedes, hijitos, una invitación para que se decidan a seguir el camino de la conversión, por eso oren…
El camino de conversión es camino de oración. No hay otro.

No hay comentarios: