jueves, 4 de noviembre de 2010

El escándalo de la Cruz.




EL ESCÁNDALO DE LA CRUZ

Es bien sabido que en agosto del 2011 se celebrará en Madrid la Jornada Mundial de la Juventud. Son muchos los jóvenes de todo el mundo que ya han dado a conocer su decisión de participar en ese encuentro de fe y de juvenil fraternidad.
En estos meses, las diócesis de España están recibiendo la cruz de los jóvenes. Les fue entregada por Juan Pablo II para que los acompañara de una Jornada Mundial a la otra. Ahora las diversas comunidades preparan excelentes programas para recibirla y para invitar a los jóvenes a reunirse bajo su sombra. Impresiona ver la cantidad de lugares en los que ha sido acogida.
Pero más aún impresiona ver y oír los testimonios de los jóvenes que, gracias a esta cruz de madera, han descubierto la riqueza de la fe, el coraje de la esperanza y la entrega de la caridad. Son jóvenes trabajadores o estudiantes. Pero también son jóvenes que sufren la enfermedad o el desaliento. En los momentos de adoración, algunos se acercan a tocarla con respeto. Otros apoyan en ella su cabeza. Todos dejan sobre ella un beso que va dirigido al Señor de la vida y de la salvación.
Ya decía San Pablo que el Cristo crucificado era “escándalo para los judíos y necedad para los paganos, pero para los llamados, tanto judíos como griegos, Cristo es fuerza de Dios y sabiduría de Dios” (1 Cor 1,24). También hoy el evangelio de Jesús parece inhumano. Por eso se intenta neutralizarlo subrayando la infidelidad de los que lo anuncian.
Con la excusa de no ofender a los miembros de otras religiones, hoy se trata de retirar la cruz de la escena pública. La cruz nos recuerda la entrega del mayor amor. No estamos dispuestos a seguir un camino que nos exige abandonar nuestro egoísta individualismo.
Monseñor Fulton Sheen escribió que “el Cristo sin crucificar es el deseo de la gente mundana”. Aquel “obispo de la televisión” añadía que “negarse a bajar de la cruz será siempre el reproche a Jesús de los que quieren un Cristo alfeñique, con manos blancas y sin llagas”.
La veneración de los jóvenes de hoy a la cruz les ayudará a comprender que no se sigue de balde a Jesús. Si Él fue perseguido y calumniado, también habían de serlo sus discípulos. Los de antes y los de ahora. En una parte y en otra del ancho mundo, los cristianos sufren persecución y muerte.
Pero no se trata de apuntarse voluntariamente a la lista de los mártires. La cruz anuncia la salvación y denuncia las dificultades que ponemos a la salvación integral del hombre. En consecuencia, la aceptación personal de la cruz les enseña a los jóvenes –y nos enseña a todos- que es hora de ahorrar las cruces de dolor, de olvido y de injusticia que imponemos sobre los hombros de los demás.
Estamos acostumbrados a invocar la señal de la santa cruz para que nos libre de nuestros enemigos. Hoy es hora de invocarla para que el amor de Jesucristo nos ayuda a vivir la fraternidad universal.

José-Román Flecha Andrés

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