martes, 30 de noviembre de 2010

¿Cómo abrirse a Dios?

1. La decisión. Se puede escuchar cientos de veces la necesidad de abrirle el corazón a Dios, pero sin la decisión personal es imposible. El hombre debe tomar la decisión porque Dios no infringe la voluntad. Dios espera que el hombre le diga: "aquí estoy, estoy dispuesto". "Hoy tomo la decisión de permitirte entrar a mi vida, a lo más profundo de mi existencia, a que vengas a morar a mí."
2. La humildad. Sin la humildad es imposible permitirle a Dios entrar al corazón, por dos razones: porque Dios es humilde y se manifiesta en los que son como Él, y luego: porque la humildad es la disposición necesaria, la virtud que Él escogió para entrar y morar en las almas.
3. Elabandono completamente a la gracia de Dios, que no es otra cosa que la actitud de entrega sin reservas a Su amor, porque en el fondo lo que Dios desea, es que todos experimentemos cuánto nos ama. El hombre progresa espiritualmente en la medida que experimenta el amor de Dios y no por cuánto más sabe o por cuánto más hace; y menos por cuanto más tiene.  
4. La petición. Súplica humilde por el cual el alma le pide a Dios que le visite, que descienda hasta las profundidades remotas de su existencia.

Estos pasos se siguen en quietud y paciente espera.

La Virgen también dice en el mensaje, que hay que abrirse a la misericordia de Dios. Esta llamada tiene dos matices. Por un lado es una exhortación a reconocer este importante atributo de Dios. A santa María Faustina, Apóstol de la Misericordia Divina Jesús le dijo que "la misericordia es el más grande atributo de Dios". En el mensaje la Virgen nos invita a reconocerlo y por tal razón, a no temer de acercarse a Ella. Pero por otro lado, también es una invitación a reconocer el pecado. Porque el alma que le pide perdón a Dios y se arrepiente de sus faltas es quien experimenta la misericordia de Dios. Por ello el mensaje también es una invitación a acercarnos al sacramento de la Penitencia y en esta ocasión en orden al misterio de la Navidad que ya se acerca.

El hombre que da el paso de acercarse a Dios, Dios lo recompensa. La Virgen dice: "Él les dará todo lo que necesitan y llenará sus corazones con la paz porque Él es la paz y su esperanza". Precisamente lo que el hombre de hoy busca afanosamente en el mundo es lo que Dios le ofrece, sin embargo no todos lo reconocen.

Oremos:Oh Señor. Hago un acto de fe muy grande en tu presencia amorosa. Yo se que estás conmigo. Muchas personas en el mundo me han fallado, y también yo Te he fallado. También me he fallado a mí mismo. Sin embargo, sé que Tú me perdonas y tienes la disposición de ayudarme.

Yo en este preciso momento me abro a Tu amor. Reconozco que muchas veces las puertas de mi corazón han permanecido cerradas a Él. Hoy te digo: ¡Basta, quiero que entres a mi corazón! Quiero que mores en mí como moraste en el alma de María Tu Hija fiel. Quiero que desciendas a lo más profundo de mi corazón. No quiero vivir más en el pecado. De ahora en adelante quiero pertenecer sólo a Ti porque sé que guiarás mi vida hacia la plenitud. Quiero acogerte una vez más como mi Señor, mi Dios, mi Salvador.

Oh Jesús, también te abro las puertas de mi corazón sin reservas; a  todo lo que hiciste por mi salvación y la de mi familia. Jesús, yo quiero que estés siempre en mi corazón. No permitas que mi corazón se divida, que coexistan la tiniebla y la luz. Nuevamente Te acojo como mi Salvador. Te doy gracias por todo lo que padeciste por mí. Por Tus afrentas y Tu muerte. ¡Gracias Señor porque no tomas en consideración mis faltas sino la fe que en este momento deposito en Ti! Ayúdame a romper para siempre con el pecado y con todo lo que me separe de Ti. Quiero celebrar esta Navidad diferente: con más amor, con más alegría y con más paz. Por eso hoy vengo a Ti. Yo sé que Tú eres el único camino que hace feliz al ser humano en la tierra. No permitas Jesús que mi corazón se desvíe del camino de la luz. No permitas que las tinieblas me arrastren por el camino equivocado, quiero pertenecer completamente a Ti.

Oh Espíritu Santo, llena mi corazón de Tu amor. Me abro plenamente a Ti, a Tus dones, a Tus carismas, a Tus frutos. Ven y visita mi corazón. Disponme a perdonar a quien a lo largo de mi vida me ha ofendido. A no guardar rencor a nadie y que pueda irradiar tu paz a todos. Te necesito, Oh Espíritu Santo. Tú eres el Consolador, el Dulce Huésped del alma.  

María, gracias por venir cada día a la tierra y hablarle a mi corazón! Las palabras de este mensaje eran las que yo necesitaba. Nuevamente me has ayudado a levantarme, a darle a Dios el primer lugar en mi vida. Nuevamente me consagro a Tu Corazón Inmaculado para adelantar su triunfo en el mundo. ¡Gracias María! Te acojo nuevamente como mi Madre y la Reina de mi corazón.

Padre Francisco A. Verar

1 comentario:

Edit dijo...

Gracias Pedro por compartir con nosotros esta reflexión y esta oración a la que también me uní.
Me hacen muy feliz tus visitas a mi blog.
Espero de corazón que este tiempo de Adviento esté lleno de gracias para Ti y tu familia.
Un cariño muy grande desde San Juan, de esta gringa bloggera.