viernes, 1 de octubre de 2010

María, alivio de los miserables.


El arzobispo de Praga, Ernesto, dice que el eterno Padre ha dado al Hijo el oficio de juzgar y castigar, y a la Madre el oficio de compadecer y aliviar a los miserables. 
Comentario: 
Cuanto más miserables y desamparados nos creamos, tanto más derecho tenemos a ser socorridos por la Madre de Jesús, ya que Ella es la encargada de llevar alivio y consuelo a los más necesitados.
María no tiene nada terrible en sí, sino que Ella es toda dulzura y benevolencia, y quien tenga miedo de Dios y de su juicio, se puede presentar tranquilamente y en paz a los pies de María, porque la Virgen no rechaza a nadie, por pecador y malvado que sea, sino que lo acoge benignamente y lo conduce a ser un gran santo.
No desesperemos nunca de nuestra salvación eterna, porque existe María, que con su bondad solo inferior a la de Dios, nos puede rescatar del abismo en que hemos caído.
Si se dice de Cristo que no apagaría la mecha humeante y no rompería la caña cascada, ¡cuánto más se puede decir lo mismo de María, que no destruye sino que ayuda a construir y a preservar a las almas!
Confiemos en María que, aunque falle todo lo demás, Ella nunca nos fallará.
¡Ave María Purísima!
¡Sin pecado concebida!

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