sábado, 25 de septiembre de 2010

Ponernos en la piel de los "nuevos lázaros"

En la primera lectura del día de hoy escuchamos al profeta Amós que denuncia la vida de aquellos que se han enriquecido a costa de la miseria y del abandono de los demás. La Palabra de Dios describe el lujo en el que muchos viven instalados y que los incapacita para vivir abiertos a las necesidades de los demás.
Dios mismo les dirige una palabra de condena, pues él siempre mira el dolor de los suyos, especialmente de los que más sufren.
En el evangelio encontramos a Jesús camino de Jerusalén. Lucas se vale de la parábola del rico Epulón y el pobre Lázaro para resaltar la novedad que trae consigo el Reino de Dios y que exige a sus discípulos ir más allá de una justicia meramente humana. Jesús resalta la insolidaridad y las desigualdades escandalosas entre los seres humanos.
Nosotros también conocemos situaciones en las que se sigue dando la misma desigualdad escandalosa y la misma insolidaridad entre personas, entre regiones y entre países. Detrás de cada "epulón" que derrocha frenéticamente hay muchos pobres que rebuscan angustiados las migajas que caen de su mesa.
Todo esto es sólo una parábola, pero con ella Jesús quiere enseñarnos mucho. Como si quisiera avisarnos: ¡cuidado con ser gentes de corazón duro que no se compadecen de los que sufren! ¡Cuidado con no enteraros, con cerrar los ojos a los pobres, con encerraros en vuestra isla de bienestar, sin pensar en nadie más! ¡Cuidado con que os preocupen más vuestros caprichos que las angustias y las necesidades de los que sufren! ¡Cuidado con no hacer caso a la Palabra de Dios, que nos llama a ser solidarios, porque ya no cambiaremos nuestra vida ni aunque resucite un muerto! ¡Cuidado con que nuestra vida cómoda no se convierta en un insulto o en un desprecio hacia los más pobres y los que más sufren!.
Los cristianos, los discípulos de Jesucristo, debemos mostrar una sensibilidad muy especial que nos capacite para ponernos en la piel de los "nuevos lázaros", de los que más sufren.
El Pan de la fraternidad que recibimos en cada Eucaristía, Cristo mismo, nos debe sacar de la indiferencia e insensibilidad y debe capacitarnos para vivir compartiendo nuestros bienes y nuestras personas con todos aquellos que están a nuestro lado y más nos necesitan. Jesús nos previene hoy acerca del pecado de la inactividad y la indiferencia.
Un día también nosotros tendremos que rendir cuentas a Dios de cómo y en qué hemos invertido los talentos y dones que Él nos ha regalado. ¡Aún estamos a tiempo de reconducir nuestras vidas!.
Articulo de: Antonio Javier Reyes Guerrero (Párroco de Santa Teresa) Córdoba.
Semanario Diocesano de Información y Formación Cristiana - Nº 251 - 26 de septiembre de 2010.

1 comentario:

Emma dijo...

Hola Pedro:
Muy bonito tu blog, andamos en el mismo camino de nuestro Señor y queriendo poner nuestro granito de arena para que su Reino se siga extendendiendo, ya te puse en mis blogs favoritos.
Que el Señor te bendiga.