viernes, 20 de agosto de 2010

Soy muy pecador.


Una de las excusas que podemos poner para no ser santos es ésta: “Yo soy muy pecador, no puedo llegar a ser santo”.

Esta es una tentación del demonio. Justamente porque somos grandes pecadores, es que tenemos más posibilidades de llegar a ser grandes santos.

Sí, porque si nos sabemos humillar, será tan grande el dolor que tendremos por haber pecado tanto, que nos elevaremos a gran altura y será como una necesidad el llegar a la santidad.

¿Acaso la Magdalena no fue tan santa por haber sido antes tan pecadora? ¿Acaso Pedro no fue más santo después de haber llorado amargamente el grave pecado de negar al Señor? Así también nosotros, si hemos pecado, tenemos la gracia de que Cristo he venido al mundo a salvarnos especialmente a nosotros, los pecadores, y que Él quiere hacernos santos.

Entonces no le demos el gusto al demonio, porque aunque seamos la peor basura del mundo, Dios nos ama infinitamente y nos quiere santos y en su Cielo, porque para nosotros lo ha creado.

Es que haciéndonos santos demostramos que Dios no se ha encarnado en vano, sino que nosotros somos fruto de su Misericordia infinita, que puede hacer de un montón de estiércol una montaña de oro.

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