miércoles, 18 de agosto de 2010

Si no rezamos...


Si no rezamos estamos perdidos, porque al dejar de rezar, empezamos a fijar nuestra mirada en las cosas de la tierra, en las cosas materiales, y perdemos de vista las cosas del Cielo, las cosas espirituales. Nos volvemos materialistas y así somos fáciles presas del demonio, que nos hace creer que “no pasa nada” si dejamos la oración y no nos molesta al principio, para darnos una falsa seguridad de que “hemos dejado de rezar y no nos sucede nada malo”. Pero en realidad, el demonio espera muy astutamente el momento oportuno, en que asaltará a su presa, a nosotros, y nos encontrará desarmados ante él, porque no estamos unidos a Dios con la oración diaria.
Ya lo dijo San Alfonso María de Ligorio: “El que reza se salva y el que no reza se condena”, y es una gran verdad.
La oración es como la respiración del alma, y si no rezamos, nos volvemos raquíticos en la vida espiritual, vamos dejando de lado lo espiritual, para entregarnos a lo material, y si conservamos todavía la gracia de Dios en el alma, si seguimos descuidando la oración, pronto también perderemos la gracia por el pecado mortal.
No hay excusas para no rezar, porque la Virgen promete la salvación eterna a quien reza al menos tres avemarías cada día. Y cualquiera de nosotros puede rezar al menos esas tres avemarías. Si no las rezamos es porque no amamos a Dios, y antes o después caeremos en las manos del demonio, que nos llevará al Infierno.
Tratemos de rezar, porque si no rezamos, estamos perdidos, y somos fáciles presas del Maligno, que hace de todo para distraernos de la oración y nos pone multitud de pretextos, y nos hace creer que la oración es algo inútil y que igual podemos vivir sin ella. ¡Atención porque este es un engaño colosal del demonio, que sabe todos los frutos que recibimos en la oración, y que con la oración somos todopoderosos!

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