martes, 31 de agosto de 2010

Confianza en Dios.


La confianza en Dios lo es todo, lo obtiene todo y nos salva de todo, porque el hombre que confía en Dios es omnipotente, ya que el mismo poder de Dios lo tiene a su servicio, pues si confía en Dios, Él no se deja vencer en generosidad y pone todo su poder para salvarlo del mal.

Si sabemos que Dios es infinitamente bueno, y que nada de lo que ocurre en nuestras vidas o en el mundo puede ocurrir si Dios no lo quiere o por lo menos lo permite, ¿entonces por qué no confiamos en Él? Si sabemos que Dios solo quiere el bien para nosotros, lo que tenemos que hacer es obedecer a lo que decía el Padre Pío de Pietrelcina: “Reza, ten fe y no te preocupes”.

Hay que obrar y rezar como si todo dependiera de nosotros, pero saber que en definitiva todo depende de Dios.

¡Cuánto le gusta a Dios que confiemos en Él! ¿Y no nos sucede a nosotros lo mismo? Porque si somos buenos nos gusta que la gente confíe en nosotros. ¡Cuánto sufrimiento nos viene cuando alguien desconfía de nosotros! Y eso que nosotros no somos del todo buenos y no podemos ni siquiera compararnos de lejos con la Bondad infinita de Dios.

Si a nosotros nos gusta que los hombres confíen en nuestra palabra y en nuestras promesas, ¡cuánto más le gustará a Dios que confiemos en su Bondad y en sus Promesas!

La confianza es la llave que abre los tesoros de Dios, y nunca confiaremos demasiado en Él.

Ya estamos salvados si confiamos en Dios.

En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

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