viernes, 23 de julio de 2010

Persecución.


La intensificación de las persecuciones a la Iglesia, al Santo Padre y a los católicos en general, es una señal de que nos acercamos a los Últimos Tiempos, porque el demonio sabe que le queda poco tiempo y está recrudeciendo las persecuciones.

Pero la Iglesia debe pasar por lo mismo que pasó su Esposo divino, y si Cristo sufrió su Pasión, es necesario que la Iglesia, su Esposa, sufra también la pasión redentora.

Entonces tenemos que prepararnos con confianza a vivir momentos graves. La solución está en consagrarnos al Inmaculado Corazón de María, ya que este es el refugio que la Virgen ha preparado para sus hijos. Allí seremos consolados y fortalecidos, para que quien deba dar la vida por Cristo, tenga en este Corazón la fuerza necesaria para testimoniar el amor y la Verdad.

No hay que tener miedo, porque la misma Virgen lo dice y lo repite insistentemente. Si tenemos que derramar la sangre por Cristo, Dios nos asistirá, ya que ninguno de los mártires soportó los tormentos por propia fuerza, sino que el Señor los sostuvo en sus torturas, ya que de lo contrario no habrían podidos superarlas.

Confiemos en Dios y en la Virgen, que nos cuidan y nos fortalecen.

¡Ven Señor Jesús!

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