viernes, 16 de julio de 2010

Jesús está en el Evangelio.


Muchos santos han tratado de dar a conocer a Jesús y su amor por los hombres, pero nada mejor para conocer a Cristo que la propia experiencia personal. Porque cada alma es un mundo y cada uno de nosotros es especial para Jesús, es único e irrepetible, y por eso el Señor quiere dársenos a conocer particularmente a cada uno de nosotros.

Pero como Jesús ha dicho en el Evangelio que el que busca encuentra, nosotros debemos buscar a Jesús para encontrarlo. Es más, si empezamos a buscarlo es porque Él ya nos ha encontrado, porque no lo buscaríamos si ya no lo tuviéramos en nosotros.

Y a Jesucristo lo encontramos en el Evangelio. Allí sentiremos palpitar de amor el Corazón de Cristo por nosotros y cada vez que leamos y meditemos el Santo Evangelio, iremos aprendiendo más de la persona de Jesús, de los secretos de su Corazón divino, y del amor que Él tiene por nosotros, por mí.

Dejemos de leer tantos libros y revistas inútiles y a veces hasta perjudiciales, y tomemos el Evangelio en nuestras manos y zambullámonos en el conocimiento del Señor.

Porque para conocer a Cristo no hay que ser sabio según el mundo, sino sabio según la sabiduría de Dios, es decir, tenemos que ser pequeños y sencillos, porque Dios se muestra a los mínimos de este mundo, y ellos son los que lo entienden verdaderamente.

Pidamos al Espíritu Santo que nos ilumine el Evangelio y, teniendo como guía la interpretació n de la Iglesia Católica, profundicemos y saboreemos este Libro maravilloso, realmente celestial, con tesoros infinitos e insospechados, como aquel tesoro escondido en el campo, de la parábola.

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