martes, 25 de mayo de 2010

Fidelidad al Espíritu Santo.


Si queremos ser santos, debemos encomendar esta tarea al Espíritu Santo, que es el Santificador, ya que es Él quien lleva a cabo la obra de santificación de nuestras almas.
Y en cuanto a nosotros, no se trata tanto de actuar y de hacer, sino de dejar actuar y dejar hacer al Espíritu Santo en nosotros, es decir, no ponerle obstáculos al Espíritu divino para que nos lleve a la cumbre de la perfección.
El Espíritu Santo siempre nos va inspirando cosas para hacer, y nos da la fuerza y la gracia para que las llevemos a cabo. Entonces nuestra santificación consistirá en ser fieles a esas gracias e inspiraciones, y así estaremos cumpliendo la voluntad de Dios, porque en eso consiste la santidad: en cumplir a la perfección la voluntad divina.
El primero que no quiso cumplir la voluntad divina fue Lucifer, que a pesar de conocer bien cuál era la voluntad de Dios, se rebeló.
Para poder cumplir bien la voluntad de Dios, pidamos ayuda a San Miguel Arcángel, que es el ejemplo de cumplimiento de dicha voluntad, y nos defenderá de las tentaciones del Maligno, que tratará de desviarnos del cumplimiento de nuestro deber, del cumplimiento de la voluntad de Dios.
Si estamos en duda de si una inspiración viene de Dios, y no sabemos si realizarla o no, lo primero que tenemos que pensar es si es buena o no, porque si es mala, entonces no es de Dios. Pero si es buena y estamos dudosos, lo mejor es consultar con un director esclarecido o rezar más implorando que el Señor nos dé luz sobre ese punto. Porque Dios no deja librado al azar nada, y lo que comienza lo lleva a su término, aunque encuentre oposición.
Así que no debemos tener miedo, y confiar ciegamente en Dios, en su Bondad, porque Él es el Todopoderoso y no nos puede pasar nada que Él no quiera o permita, por lo cual debemos vivir tranquilos y felices, sabiendo que el Señor guía nuestra vida.

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