lunes, 3 de mayo de 2010

Devoción a la Virgen.


El demonio, en estos tiempos, está tratando por todos los medios de oscurecer la devoción del pueblo cristiano a la Santísima Virgen, porque es su enemiga personal y la que lo ha suplantado en el orden de la creación, y sabe que un alma devota de María jamás caerá en su Infierno.

Efectivamente Lucifer era el que seguía en poder, belleza e inteligencia después de Dios, y después de la caída, ese lugar lo ha ocupado la Santísima Virgen, por eso el demonio la odia tanto.

Entonces si sabemos que el diablo odia tanto a la Virgen, es motivo más que suficiente para amarla nosotros.

Dicen los santos que el tener devoción a María es gran señal de predestinación, es decir que quien ama mucho a la Virgen es seguro que vaya al Cielo y que no se condene.

También dicen los santos que a quien Dios quiere hacer muy santo, lo hace muy devoto de María.

Honremos, entonces, a María, y recémosle muchos rosarios, que es su oración predilecta y la que más nos ayuda a nosotros en este caminar terreno.

Consagrémonos al Corazón Inmaculado de la Virgen, y seremos protegidos de toda adversidad, jamás perderemos la Fe y nos salvaremos a pesar de todos los esfuerzos del mundo, del demonio y de las pasiones de la carne. Porque estos son los tiempos en que la Virgen aparece como la Mujer vestida de sol del Apocalipsis, que combate contra el Dragón rojo, que es el ateísmo, que es el demonio. Pero el triunfo definitivo será de María, que ha prometido en Fátima que su Corazón Inmaculado al final triunfará.

No tengamos temor de que amando mucho a la Virgen, Jesús se ofenda, no. Al contrario, Jesús se siente dichoso cuando ve que amamos tanto a su Madre, que es la Obra Maestra de la Santísima Trinidad. Además María, cuando recibe una alabanza enseguida alaba a Dios, como cuando fue a visitar a su prima Santa Isabel, y cuando ésta la ensalzó, María enseguida cantó el Magníficat alabando a Dios.

Entreguémonos a la Virgen, y estaremos salvados en este mundo y en el venidero.

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