martes, 13 de abril de 2010

Jesús se esconde.


Jesús ha resucitado, y a partir de entonces le gusta aparecerse con otra forma y otro aspecto. Lo vemos con los discípulos de Emaús, caminando con ellos pero sin darse a conocer. Lo vimos también al encontrar a la Magdalena llorando fuera del sepulcro, y ella no lo reconoció. Esta es una enseñanza para nosotros, que en el Santísimo Sacramento vemos solo pan. Pues bien, Jesús está escondido en ese aparente pan. También Jesús se esconde en el hermano, especialmente en el que sufre o está necesitado. Él camina a nuestro lado en forma invisible, y en los momentos más difíciles de nuestro camino, Él nos lleva en sus brazos. ¡Es Jesús! ¡Es el Amor! ¡Es la Misericordia del Padre! Por eso ¡qué gran amor debemos tener al Señor, que está constantemente con nosotros y se “esconde” bajo esos aspectos! ¡Qué delicadeza y amor debemos tener con todos nuestros hermanos, sabiendo que Jesús está escondido en cada uno de ellos, porque ya Jesús nos dijo en su Evangelio que lo que hacemos al más pequeño sus hermanos se lo hacemos a Él mismo! Entonces, a partir de hoy, miremos la realidad con otros ojos, con los ojos de la Fe, viendo a Jesús que camina con nosotros y está en el prójimo, especialmente en el que sufre y es más necesitado de ayuda material o espiritual.
¡Alabado sea Jesucristo!

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