martes, 29 de diciembre de 2009

La Providencia de Dios.


Sin embargo hay algunos que aun cuando creen que Dios gobierna y dispone las cosas naturales, niegan la acción de la Providencia de Dios sobre los actos humanos, es decir, no creen que los actos humanos están gobernados por Dios. Aducen como razón el hecho de ver cómo en este mundo los buenos sufren y los malos prosperan, de donde pareciera que no hay una providencia divina respecto a los hombres; por lo cual hablando en nombre de ellos se dice en el Libro de Job: Dios está escondido allá entre las nubes, y se desinteresa de nuestros asuntos (22, 14).

Los que así piensan son muy estúpidos. Pues a ellos les ocurre como si algún ignorante en medicina viere al médico recetar a un enfermo agua, a otro vino, conforme lo piden las reglas de la medicina, y creyere, en su ignorancia, que eso lo hace el médico al acaso y no por un justo motivo.

Lo mismo debemos decir de Dios. Pues por justo motivo y por su providencia dispone Dios las cosas necesarias a los hombres; y así a algunos buenos los aflige y a algunos malos los deja gozar de prosperidad. Por eso quien crea que esto acaece por azar es un insensato, y se le tiene por tal, porque tal error no proviene sino de su ignorancia de la sabiduría y de las razones del gobierno divino. A este propósito se dice en el Libro de Job: Ojalá Dios te hiciera conocer los secretos de su sabiduría y la multiplicidad de su ley (11, 6). Por eso hay que creer con toda firmeza que Dios gobierna y dispone no sólo las cosas naturales sino también los actos humanos. En relación con esto se lee en la Escritura: Dijeron los malvados: “No lo verá el Señor, no se da cuenta el Dios de Jacob”. Comprended, estúpidos del pueblo, insensatos, ¿cuándo vais a ser cuerdos? El que plantó el oído, ¿no oirá? El que formó el ojo, ¿no verá?... Conoce el Señor los pensamientos de los hombres (Ps. 93, 7-11).

Dios ve, pues, todas las cosas, tanto los pensamientos de los hombres como los secretos de su voluntad. De aquí brota especialmente para los hombres la necesidad de obrar bien, porque todo lo que piensan y hacen manifiesto está a la mirada divina. Bien dice el Apóstol: Todo está desnudo y patente a los ojos del Señor (Hebr. 4, 13).

Pues bien, debemos creer que este Dios que dispone y gobierna todas las cosas es un solo Dios. He aquí la prueba: el gobierno de las cosas humanas está bien ordenado cuando un solo hombre gobierna y rige la multitud. En efecto, cuando son muchos los jefes, generalmente brotan las disensiones entre los súbditos. Y como el gobierno divino es superior al gobierno humano, es claro que el mundo no está regido por muchos dioses sino por uno solo.
(Santo Tomás de Aquino).

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