jueves, 10 de diciembre de 2009

Jesucristo es Dios.


Esta es una verdad de capital importancia, especialmente en estos tiempos que se difunde la negación de la divinidad de Nuestro Señor Jesucristo. Se dice que fue un gran hombre, a lo sumo un profeta o un santo, pero no se dice que es Dios. Se niegan sus milagros y hasta su Resurrección. Hoy se niega todo.

Y ya nos avisan los apóstoles en las Escrituras que justamente el Anticristo negará que Jesucristo es Dios y él mismo se hará adorar como si fuera Dios.

Pues no estamos lejos de esos tiempos, ya que el mundo, con su ateísmo teórico y práctico, va preparando como una cuna al Anticristo, que cuando venga, tendrá a una gran parte de la humanidad embrutecida y descreída, subyugada por el materialismo y
el hedonismo, el odio y la violencia, la maldad y la guerra.

Nosotros los católicos debemos defender que Jesucristo es verdadero Dios junto con el Padre y el Espíritu Santo, que forman la Santísima Trinidad, un solo Dios verdadero, Tres Personas distintas y un solo Dios.

Y como Jesucristo es Dios, entonces María es la Madre de Dios, con todos los privilegios que le vienen a la Virgen con este título. Por eso también debemos defender la maternidad divina de María, nuestra Madre bendita.

En nuestro trato con Jesús debemos tener una gran confianza y amor; ilimitada confianza, ilimitado amor; pero también hay que tratarlo con respeto, porque Él es Dios, y si es infinitamente Bueno, eso no quita que lo tratemos con el respeto debido a su dignidad infinita. El hijo, si es un buen hijo, nunca trata al padre de igual a igual, sino con veneración y amor. Pues así debemos tratar a Jesús, con mucho amor, pero también con respeto.

Recordemos que el Nombre de Jesucristo está por encima de todo nombre, y no hay otro nombre bajo el cielo por el que encontremos la salvación. Entonces ¡con qué veneración hay que pronunciar el bendito Nombre de Jesús! Cuando participemos de la Misa, tratemos de hacer una reverencia con la cabeza cada vez que el sacerdote pronuncia el Nombre de Jesús, porque también lo hacen los Ángeles y todo el Paraíso, y nosotros no podemos diferenciarnos de ellos.

También al acercarnos a comulgar hagamos alguna genuflexión o inclinación y, de ser posible comulguemos de rodillas, ya que es al mismo Jesucristo, Dios y Señor del Cielo y de la Tierra, a quien estamos recibiendo. Recordemos que estamos recibiendo al mismo que nos juzgará en el momento de la muerte, que vendrá al Fin de los Tiempos, y que juzgará a todos en el Juicio Final. Vayamos, pues, a Él, con amor, veneración y respeto, interno y externo.

1 comentario:

Angelo dijo...

Que necesario y urgente en el mundo de hoy dar el testimonio que nos expones en tu entrada. Jesús el primero. Pido esa fuerza para ser siempre luz. Gracias por este bello post. Un saludo